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  Transmediterránea
11 de Abril de 2004. Viaje en barco a Palma de Mallorca. En la bolsa los trajes de trabajo, en la maleta los pertrechos personales, y en el alma la ilusión de una preciosa travesía… Íbamos a coger el barco en Valencia para desplazarnos a Palma de Mallorca, dado que el día siguiente teníamos que hacer un Curso en un magnífico Hotel situado en un entorno paradisíaco para los Jefes de una importante cadena de Hoteles…

Los billetes de ida y vuelta, comprados y pagados. Hora de salida las 16,30, y a las 15:30 ya estábamos en la estación marítima de Valencia.

Primera observación, desastre informativo para el viajero, no sabes donde has de facturar el equipaje, no sabes donde has de embarcar, no sabes nada de nada, y además no puedes preguntar a nadie, porque tampoco sabes a quien tienes que preguntar…

te vas arreglando por que preguntas a otros viajeros que tienen la misma cara de despiste que tu…
-Perdone, ¿Usted sabe si esta fila es para facturar el equipaje para Mallorca?...
- No estoy seguro, pero me parece si que es esta, yo también voy a Mallorca… - Gracias.

Si que era la fila, y cuando por fin te toca facturar, te dice un hombre con cara de funcionario y actitud similar… - ¡primero ha de sacar la tarjeta de embarque!... - ¿Y dónde?
- En aquella ventanilla…
¿Y si es la primera vez que vengo, como lo sé…?

La cara del hombre es como si le hubiera preguntado por el binomio de Newton, con lo cual su respuesta fue un gesto de fastidio…

Dirigiéndose a la persona que estaba detrás nuestra en la fila le dijo …
-¿Qué va a facturar, esto?- mientras miraba a la maleta de la señora.

Ante esta actitud pensamos en ir a por las tarjetas de embarque y no iniciar una discusión.

Una vez localizada la ventanilla, aproveché para preguntar “todo” a aquél otro señor… ¿A qué hora se embarca?, ¿Dónde se embarca?, etc.

Me contestó con una cara entre sepia y búho , como si le hubiera provocado un coito interruptus…

-Se embarca a las 4 en punto y “eso es arriba”…(sic)

Nueva fila para intentar facturar otra vez, y lógicamente como uno es educado, aproveché cuando el “funcionario” tomó nuestra maleta y nuestra bolsa, para pedirle disculpas por no haber adivinado que había que sacar las tarjetas de embarque, y que además había reflexionado sobre el hecho de que no eran eximentes el que nadie nos lo hubiera explicado, ni que en ningún cartel se informara lo que había que hacer, que en definitiva reconocía mi supina ignorancia…

Emitió una especie de gorgorito, me miró como si fuese un enajenado, y a continuación me perdonó la vida al darme los justificantes de facturación y diciendo al señalar la escalera…

- suba por ahí…

Subimos y ya “arriba” nos encontramos una sala fea de verdad, impersonal, y atiborrada de gente que formaban una especie de “tres filas en cinco o siete hileras” informes que no te permitía con claridad saber donde ponerte… En fin, a esperar a las “4 en punto”…

Una nueva sorpresa fue conocer lo que entiende la compañía por puntualidad…
16:10, 16:20, la cantidad de gente crecía, el ruido y el aroma natural también, ¡y no fui capaz de ver a nadie de la compañía!

No entendíamos como, si la hora de salida del buque era a las 16:30, y teníamos que embarcar todas las personas que estábamos allí, se podía cumplir dicha hora de salida…

Nuestra incipiente zozobra finalizó a las 16:26, ya que se abrió una puerta, tras las cual dos empleados de la compañía y dos policías cumplían profesionalmente su misión…

La de los empleados era cortar un trozo de la tarjeta de embarque de cada pasajero, ¡eso si!, con cara de pensar… -¡Jo cuanta gente ! … (Imaginamos que pedir una sonrisa o un gesto amable en tales circunstancias seguro que se puede tachar de explotación laboral)

Los policías miraban con cara seria a todos y cada uno, como si en la cara pudieramos llevar algún explosivo, y digo esto porque lo que no miraban eran las enormes mochilas que llevaban muchas personas, que seguro tienen capacidad para varios kilos de lo que sea, incluso explosivo… Entiendo que no será culpa suya, serán órdenes que reciben.

Quiera Dios que nunca pase nada, pero si no fuera así, seguro que a partir de ahí no permitirían pasar ni una bolsa si mirar su interior…

Este es un comentario que se puede aplicar a la forma genérica de hacer las cosas en este país.
Por fin entramos en el barco, dos señoritas en la puerta, que te miran, y sólo en el caso de preguntarles donde nos sentamos, te dicen un frío y casi inaudible hola, para a continuación decirte que no hay sitios fijos, que te sientes donde te plazca…
-¡Ah! Bien y ¿la zona de fumadores…? No hay…
¿No hay?, nadie nos lo advirtió, y el viaje va a durar casi siete horas…

En fin no te vale de nada, ya has pagado los billetes y te lo tragas.

Mi esposa y yo tenemos las desgracia, todavía, (y digo todavía) de ser fumadores, y aquellos que lo sean, saben lo que es estar encerrado en un sitio siete horas sin poder fumar…

Argumentan que es lo que dice la Ley, y es cierto, pero también los trenes son transporte público y tienen zonas para los apestados fumadores… Además pensamos que en un barco de esas dimensiones, no sería muy dificil el acotar un espacio de 15 metros cuadrados, para poder “echar un pitillito”…, ¡pues no!, ¡Tantos años diciéndonos que fumar era de hombres, y permitiendo que nos publiciten el tabaco hasta en el cerebelo, y ahora no te montan ni un mísero lazareto para apestados humeantes…! Bien, a tragar…

Sigamos con el viajecito, te sientas donde te parece y la inexorable puntualidad de la compañía vuelve a ponerse de manifiesto cuando iniciamos el viaje a las 16:46.

Nos damos una vuelta por el barco y vemos dos cafeterías, una cerrada (durante todo el viaje) y la otra con un camarero.

En esa cafetería he llegado a ver durante el viaje una larga cola de personas desesperando para comprar algo por la enorme cantidad de tiempo que tenían que esperar…

Yo pensé que me gusta esta compañía porque se preocupa por el cliente, me daba la sensación de que nos trataban casi como a becerros en un camión camino del matadero…, puede ser que exagere un poco.

Tampoco quiero cansar a nadie con más pormenores, pero todo el viaje fue igual, el de ida y el de vuelta…

Tan sólo un ejemplo más. Ponen unas películas en unas pantallas de televisión, con un volumen de voz molesto en ocasiones, es igual si te molesta, te aguantas, porque unos auriculares como Renfe, me imagino que serán carísimos y los ciento veintitantos Euros que le pagas por el pasaje de cada uno a la compañía, no da para tanto.

Lo que si da para tanto es el monopolio del mar. O vuelas, o si no te gusta y quieres ir a las Baleares, te aguantas ¿Vale? ¡Perdón, se me olvidaba!..., o nadas, que es muy sano.

¿He dicho que hablo de Transmediterránea? ¿No? ¡lo había olvidado, lo siento!

Lo que si voy a olvidar para siempre es a Transmediterránea…

Todo lo anterior es una opinión personal de un pasajero, sin ánimo de hacer daño a nadie, pero sí con la libertad de expresar lo que pienso…

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